Era época estival en Brisbane y los termómetros no solían
bajar de los 35ºC, la gente aprovechaba para sacar a relucir sus prendas más
veraniegas; y los establecimientos, centros comerciales y demás locales se
apresuraban en bajar el aire acondicionado hasta límites polares al mismo
tiempo que se afanaban en adornar sus escaparates con trabajadas obras de
cuentos infantiles mientras la ciudad vestía sus calles con coloridos adornos y
vistosas figuras para celebrar la proximidad de la Navidad, pues en las
antípodas, esta fiesta tan tradicional coincidía con el caluroso verano
australiano.
Me encantaba admirar la cantidad de contrastes allí
existentes e imposibles de imaginar en otros lugares, como en mi tierra por
ejemplo. Ver a la gente pasear con bermudas, chanclas y gorros de papa noel,
escuchar villancicos a 40ºC o presenciar desfiles navideños al tiempo que
disfrutaba de un helado eran cosas fascinantes para mi. Era la primera vez que vivía unas navidades de
esa forma y me gustaba.
Lo que no me gustaba era la falta de la familia en esas
fechas tan entrañables, sobretodo en nochevieja y año nuevo.
Raúl y Valentina, una encantadora pareja gallego-italiana y
buenísimos amigos en Brisbane, se disponían a hacer un viaje en coche a Sydney
para visitar a unos amigos y nos ofrecieron a Albert, Eli y a mi la oportunidad
de acompañarlos y así repartir gastos del largo trayecto. Era una gran
oportunidad, así que aceptamos rápidamente. Ante nosotros, casi 1.000 km de carretera y un día de
maravillosas vistas y recónditos lugares.
Aunque el viaje comenzó siendo ameno y entretenido, haciendo
varias paradas en algunos pueblos significativos durante el trayecto, cuando
cayó la noche se empezó a tornar tedioso y agotador, algo comprensible después
de tantas horas en la carretera. Cuando llegamos a Sydney, después de más de 12
horas de coche, sentimos el alivio de haber conseguido finalmente alcanzar el
destino elegido.
Separamos nuestros caminos una vez llegados a Sydney, Raúl y
Valentina se dirigieron a la casa de sus amigos y nosotros nos hospedamos en un
alojamiento que Eli nos había buscado en la casa de una familia religiosa. Todo el que me conoce sabe mi opinión sobre la
religión, así que pensé que no me sentiría muy cómodo en un ambiente tan "cristianizado",
pero fue muy agradable compartir unos días con aquella familia tan simpática, a
pesar de la diferencia de ideas.
Disfrutamos de unos días espléndidos en Sydney, bonitas
playas como Bondi y Manly beach, grandiosas edificaciones como el opera house,
parajes naturales como las blue montains, parques, monumentos y lugares
históricos; y cómo no, los famosos fuegos artificiales con que daban la
bienvenida al año 2014, hubo muchísima gente congregada que tuvo la suerte de
verlos en primera fila.

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